...Un mendrugo de pan
le bajé en un momento,
me miraron sus ojos,
casi humanos, no miento;
de su boca salía
un quejido, un lamento;
una chispa en sus ojos
de un fulgor casi incierto
se adueñó de mi alma
con su lenguaje muerto.
Pasaron muchos días
y con afán lo busqué,
¿adonde te has ido perrillo?
¿adonde?
¡Yo no lo sé!
Recuerdo tus bellos ojos
impregnados de dolor
ojos de miedo y angustia
ojos llenos de rencor,
pues nadie te quiso nunca
nadie te brindó calor
y, ¡que pena tan terrible!
siente ya mi corazón
pues de haberte encontrado amigo
¡TE HUBIESE QUERIDO YO!