En 1897 el escritor irlandés Bram Stoker, publicó una novela que, hasta nuestros días, sigue impactando a todos sus lectores e influenciando nuevas producciones literarias, teatrales y cinematográficas; su título: Drácula, protagonista literario que toma prestados muchos rasgos de un personaje que realmente existió: el caudillo Vlad, “El empalador”, ( esto quiere decir que clavaba a sus enemigos en una varas, ¿qué horror, no?), conde rumano, nacido hacia 1428 y muerto en 1476, más conocido como "Drácula". El sobrenombre “Drácula” fue una herencia de su padre, príncipe del antiguo señorío de Valaquia, situado a orillas del Danubio, a quien sus súbditos, por su extrema crueldad, concedieron el calificativo de Dracul, término rumano que significa, nada más y nada menos, que el Diablo.  | Al parecer, este aterrador personaje nació cerca de la ciudad de Transilvania de Sighisoara. Desde muy joven tuvo que defender el trono de Valaquia, por el cual luchaban húngaros y rumanos desde hacía mucho tiempo; de hecho, la mayor de sus preocupaciones durante su vida fue conservar el principado. En esta lucha de poder, empezó con la cruel costumbre de “empalar” a los que se le oponían. Fue hecho prisionero y, finalmente, asesinado por los turcos. | La novela Drácula, de Bram Stoker está redactada en forma epistolar (como cartas) y trata acerca de un joven, Jonathan Harker, que viaja a Transilvania para entrevistarse con el conde Drácula, quien desea comprar una casa en Londres. Las características psicológicas del personaje central, están tomadas de algunos rasgos de Vlad III, también conocido como “El empalador” o Vlad Tepes, aunque, por supuesto, también entran en juego, la imaginación y la escritura de Stoker. Así, en la novela, hallamos la siguiente descripción: "Su rostro era firmemente aguileño, exhibía una frente alta y abombada, y sus sienes aparecían cubiertas por un cabello ralo, que se hacía bastante abundante en la cabeza. Sus cejas casi quedaban juntas en el ceño al ser tan espesas. La boca resultaba cruel debido a su firmeza, en la que aparecían unos dientes blancos y afilados, que le asomaban por encima de los labios. Estos eran tan rojos que delataban una energía prodigiosa en un hombre de avanzada edad. Por otra parte, exhibía unas orejas pálidas y exageradamente puntiagudas en la zona superior. En todo su semblante dominaba una palidez extraordinaria..." Después de leer esta descripción, ¿te lo puedes imaginar? |